Editorial

Hay que seguir caminando   16/11/2011




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Una solución muy personal


Una solución muy personal
Un científico que deseaba resolver algunos de los grandes problemas de la humanidad se pasaba el tiempo absorto en búsqueda de fórmulas que le permitieran conseguirlo.

Cierto día, su hijo de siete años entró en el laboratorio de su casa con ganas de jugar con él. El científico, alterado por la interrupción, le pidió que se fuese a divertir a otro sitio. Pero el pequeño tenía ganas de estar con su padre. Viendo que era difícil convencerlo pensó en darle al niño algo con que distraerse. De repente encontró una revista que incluía un gran póster con el mapa del mundo. ¡Justo lo que precisaba!

Con unas tijeras recortó meticulosamente el mapa en múltiples trozos y se lo entregó a su hijo, junto con un rollo de cinta adhesiva, diciendo:

-Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo arregles sin la ayuda de nadie.
Calculó para sus adentros que el pequeño tardaría varios días en rehacer el mapamundi, pero no fue así. Al poco rato escuchó la voz de su hijo que lo llamaba satisfecho y tranquilo.

-Papá, papá, ya lo hice todo. Lo he acabado.
Al principio el padre no creyó al niño. Le pareció imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa tan complejo y que no había visto nunca antes. Desconfiado, el científico alzó la vista de su mesa con la certeza de que vería el trabajo caótico de un niño pequeño. Pero, para su sorpresa, el mapa estaba bien hecho. Todos los pedazos habían sido colocados en los lugares exactos donde correspondían. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había sido capaz de hacerlo un niño de tan poca edad y en tan poco tiempo?

-Hijo, si tú no sabes cómo es el mundo, ¿cómo lograste encajar las piezas? –le preguntó.

-Papá, yo no sé cómo es el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que en la parte de atrás de las páginas estaba dibujado el cuerpo de un hombre. Así que les di la vuelta a los trozos y comencé a componer la figura del hombre, que sí sabía como era.

Cuando conseguí arreglar al hombre, le di la vuelta a la hoja y vi que había arreglado el mundo.

Cuento anónimo


Jueves 29 Octubre 2009
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